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“¡Yo soy el cine mexicano!” Emilio “el Indio” Fernández

REDACCIÓN

“¡Yo soy el cine mexicano!” Emilio “el Indio” Fernández

A horas posteriores de la 89ª edición de los premios Oscar, aún con el séptimo arte en plena mente, cabe en mención plantar la vista al panorama nacional. Como la estética del arte en movimiento fue redefinida por la leyenda; el genio inmortal, Emilio “el Indio” Fernández.

“Sólo existe un México: el que yo inventé”, decía Emilio “el Indio” Fernández, y fusilaba con la frase: “¡Yo soy el cine mexicano!”.

Él contaba de sí mismo que peleó en la revolución, que enseñó a bailar a Rodolfo Valentino, que posó desnudo para el escultor que hizo la estatuilla del Oscar (mito que aún se comenta) y que el gran amor de su vida no fue ninguna de sus mujeres, sino la inconquistable Olivia de Havilland. El mito, la leyenda y el genio se combinaron en este icónico personaje, bronco como un caballo salvaje pero capaz de la más intimista cercanía con el sentimiento puro. El cine le llegó como consecuencia y lo convirtió en el más célebre director del cine mexicano.

Lo real y lo mítico revelan cuánto hay de genialidad, ira, tragedia y fascinación en este hombre de carisma inigualable.

El “Indio” se involucró en el quehacer cinematográfico a finales de los años veinte, durante su estancia en Hollywood. Sus participaciones como “extra” en la Meca del cine lo llevaron a relacionarse con varios de los mexicanos que trabajaban en aquella ciudad, muchos de los cuáles volverían a México unos años después para integrarse a la naciente industria del cine nacional.

Alternando su carrera de actor con la de guionista, Fernández consiguió darse a conocer en el naciente mundillo cinematográfico mexicano de los primeros años del sonoro. Para 1936 ya había escrito el guión de La isla de la Pasión (Clipperton) (1941), película que señalaría su debut como director. Dos años más tarde, Fernández se apuntaría sendos éxitos consecutivos con Flor silvestre (1943) y María Candelaria (1943).

Durante los siguientes cinco años, Emilio Fernández consiguió algo que ningún director mexicano hasta entonces había logrado: crear una estética propia. Influido por Eisenstein, John Ford y la pintura de Diego Rivera y José Clemente Orozco -y con la invaluable colaboración del fotógrafo Gabriel Figueroa, el guionista Mauricio Magdaleno, la editora Gloria Schoemann y los actores Dolores del Rio, Pedro Armendáriz, María Félix y Columba Domínguez, entre otros- el “Indio” construyó un México cinematográfico de nubes, magueyes, haciendas y claroscuros que se convirtió, para bien o para mal, en la imagen de nuestro país en el resto del mundo. Un sinónimo de identidad, que bien puede apuntar al estereotipo, pero que no deja de encarnar las marcas de piel que funden el rostro mexicano.

La fórmula del cine de Emilio Fernández no logró sobrevivir más allá de una década, pero su inolvidable presencia y constante actividad lo convirtieron en un símbolo inmortal. Una industria en decadencia se vería en los años siguientes, pero siempre cimentada por la gallardía y la pura sangre del talento nacional; talento que aun en resquebrajadas y olvidadas cazuelas, pule un brillo de inminente singularidad.

Muchos agregarán o recortarán palabras para encuadrar la figura de “el Indio” Fernández; lo que queda claro es que su imagen será siempre la de un intrépido incomprendido:

“No es que yo sea un gran hombre, soy normal; la fuerza, la inspiración, la capacidad de creación que tengo es la que todo mundo debe tener, lo que pasa es que mucha gente se da un destino corto, una vida pequeña y entonces me ven como un monstruo”.

10 IMPRESCINDIBLES DEL INDIO

  • Flor Silvestre (1943)
  • María Candelaria (1943)
  • Las abandonadas (1943)
  • La perla (1945)
  • Enamorada (1946)
  • Río escondido (1947)
  • Salón México (1948)
  • Pueblerina (1948)
  • La malquerida (1949)
  • Víctimas del pecado (1950)

 

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