Cuando no decir adiós asusta más que la muerte misma

“La idea de no poder decir adiós me duele más que la muerte misma”, Lorenzo Musotto, Italia.

Las imágenes de las calles vacías de Wuhan avecinaban la pandemia más peligrosa registrada en lo que va del siglo XXI, un virus desconocido que no dejaría inmune a ninguna nación se dispersó a una velocidad incontenible; un enemigo invisible que llegó a cambiarnos la vida y la forma de vivirla.

El miedo, la angustia y la ansiedad, se convirtieron en moneda corriente derivadas de las cuarentenas decretadas por los gobiernos que encontraron en ellas la medida más efectiva para evitar la catástrofe.

Con los sistemas sanitarios colapsados, sería imposible contener al virus, no había tiempo que perder, la información cada vez se tornaba más dispersa y confusa, las instituciones en su afán de evitar la psicosis social comenzaron a perder credibilidad al tiempo que cambiaban sus decisiones para hacer frente al virus, en algunos países con cuarentenas que continúan vigentes después de casi 4 meses, y en otros casos, desestimando la letalidad del virus.

De eso se trata la soberanía nacional, de que cada mandatario defina las medidas en particular más allá de las recomendaciones de los Organismos internacionales, cada cual conoce sus fortalezas y falencias sanitarias, a nosotros como pueblo nos resta confiar en el buen criterio de nuestros gobernantes ¡y así lo hicimos!.

“Hay quien dice que por lo de coronavirus no hay que abrazarse. Pero hay que abrazarse, no pasa nada…”, AMLO en su conferencia del 12 de marzo del 2020.

México quien en un inicio se sintió ajeno al virus, o al menos ese era el mensaje que se percibía en la actitud relajada y por momentos irresponsable de las autoridades nacionales, que más allá de evitar el contacto colectivo y con ello la circulación del virus, no dudaron en incentivar al pueblo mexicano a no escatimar en abrazos o acudir a restaurantes; fue nuestro Presidente de la República quien se encargó una vez más de poner a nuestro país bajo la lupa mundial.

Pareciera que lo que hacemos y decimos pasa desapercibido, pero no, la recomendación tuvo estragos y hoy México se encuentra posicionado como el octavo país con mayor cantidad de personas contagiadas de COVID-19 y el cuarto con más índice de letalidad con 37,574 defunciones.

El número estremece pero lo hace aún más el saber que no se trata de un número solamente, se trata de historias que terminaron mientras esperaban el anuncio de una cura efectiva y definitiva. Cada una de esas personas murió en soledad, en aislamiento total y sin derecho a despedirse, murieron quizá imaginando que algún día todo volvería a la “normalidad”, se fueron sin tener una mano para aferrarse.

Hoy la tradición no es un contrapeso y quedará para otro momento ese ritual tan perfectamente definido en el artículo “El concepto de la muerte en el imaginario mexicano”.

“…Sus ritos funerarios y de duelo reflejaban la sabiduría del pueblo para realizar la catarsis del vacío que deja el muerto con su ausencia y así reanudar la vida con normalidad….”, Villaseñor y Aceves.

Hoy, todos estos dolientes encuentran burdas y vacías las recomendaciones iniciales de abrazarnos, de acudir a los aeropuertos a recibir o despedir a los amigos y familiares pues a ellos les fue arrebatada la posibilidad de decir adiós; hoy, esas familias transitan la frustración y sobreviven con los recuerdos que guardan antes de que la pandemia transformara su vida, su integridad; en esta instancia cualquier intento de demagogia institucional resulta insultante.

Espero que este artículo nos ayude a ver más allá de las estadísticas, que nos ayude a empatizar con el dolor ajeno y de una buena vez nos concentremos en cuidarnos y cuidar a los demás, que nos llene de valor y demandemos resultados efectivos a nuestros gobernantes, que nos abra los ojos, que dejemos de ignorar las acciones absurdas y exijamos el derecho que como mexicanos tenemos garantizado constitucionalmente: “Toda Persona tiene derecho a la protección de la salud.”

Me gustaría compartir un extracto de Poesía Náhuatl, citada en Cantares Mexicanos en alusión a la incertidumbre de sentir la muerte próxima:

Abandonados con la tristeza
quedamos aquí en la tierra

¿Acaso en verdad se vive,
allá donde todos vamos?
¿Acaso lo cree tu corazón?

¿Acaso allí podré contemplar,
podré ver el rostro
de mi madre, de mi padre?

Allí tendré que bajar,
nada espero:
nos dejaron,
acompañados con la tristeza.

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Paola Nadine Cortés Calzada es especialista en temas migratorios. Es licenciada en derecho y maestra en derecho migratorio. Su experiencia incluye la subdirección de departamento en el Instituto Nacional de Migración, y una subdirección de regulación migratoria a nivel nacional. Actualmente colabora en el área de movilidad internacional de la empresa Globant, en Argentina… y además es columnista nuestra 🙂

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